Mi último nuevo deseo

Montar a caballo en un caballo, saltar en paracaidas y aterrizar de forma digna y sin una UVI móvil presente y tocar la guitarra con más de dos dedos son los únicos deseos y las únicas experiencias que deseo.
Bueno, eso era antes, cuando mi edad me permitía mojarme la barriga.

Cocinar es lo que ahora me gustaría. No deconstruir un huevo de perdiz ojinegra de Mondoñedo ni tampoco alcanzar 7 estrellas Michelín. Un cocidito, una rica fabada, unas lentejas con chorizo, una lubina a la espalda o a la tripa … cocinar como se cocinaba antes, cuando limpiar perolas no era un arte digno de ser expuesto en un Museo de arte contemporáneo y no era necesario que los cuchillos fueran de metales arrancados a algún meteorito.
Pero para cocinar hace falta tiempo, ganas y un infínito amor por los demás. Abrir el frigorífico, tirar un filete a la sartén y trocear una lechuga y unos tomates para hacer una ensalada no es cocinar, es prepara nutrientes para que no te suenen las tripas de hambre.
Sin embargo, hoy por hoy no tengo tiempo. Quizá cuando me quede sin trabajo o me jubile.
O cuando aprenda a freir un huevo y sacarlo de la sartén con la espumadera y no con la pala ancha de madera.

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Categorías: (ireflexiones)
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Publicado el: 09/03/2017

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