Yo, el cínico, también

A menudo me pregunto el porqué para la mayoría los detalles son tan importantes (parecen tan importantes). Quizá sea una impresión mía, mi cinismo impide que las hojas dejen ver los árboles; un cinismo clásico, el que piensa que la civilización y su forma de vida son un mal y que la felicidad es una vida simple y un cinismo moderno, que no cree en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones, y que expresa esta actitud mediante la ironía, el sarcasmo y la burla.

Las personas, incluso yo, el cínico, vemos los detalles más insignificantes magnificados y aumentados hasta parecer cordilleras infranqueables. Cualquier minucia nos plantea dudas existenciales: podemos devanarnos los sesos intentando dilucidar si el iPhone es más mejor que el Samsung; días y semanas enteros tratando de decidir si este año vacacionaremos junto al mar o iremos a la playa; ¿pizza o sushi? … .
Todo es importante (nos parece importante), todo se nos va de las manos (y se nos va). Todo hay que hacerlo rápido y con celeridad porque es importante. Pero, por definición y porque sí, las cosas importantes no tienen prisa. Resolver lo importante debe ser reflexionado, masticado sus 33 veces correspondientes antes de ser tragado y luego digerido para que no se nos indigeste. La vida, el saber qué queremos de nuestra vida, es importante. Mirar a los demás de frente sin buscar detalles en su rostro es importante. Hacer algo por el placer de hacerlo y no por lo que conseguiremos si lo hacemos o dejamos de hacer es importante. Tener lo bastante y que sea suficiente es importante. Sin embargo, todo o nada no tiene la menor importancia.Lo importante es tener algo y saber que lo tenemos: amor, tranquilidad, dinero. De nada nos sirve preocuparnos por la importancia de tener 100 euros más, enamorarnos o desenamorarnos de 100 amores más o 100 amores menos, un cacharro tecnológico mejor y más moderno o un cuatro ruedas con aire climatizado hasta en los espejos retrovisores de las puertas. Preocuparse tanto por tan poco no produce felicidad, al contrario, se convierte en una obsesión que nos hace infelices.

Y yo, el cínico, soy el más infeliz de los infelices. Conozco la solución, sé lo que es importante … pero soy humano … y la cago como cualquier otro humano.

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